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Pablo Benegas (La Oreja de Van Gogh) publica un
libro con su memorias
Pablo Benegas, guitarrista y compositor de La Oreja de Van Gogh, relata
en primera persona sus recuerdos: desde una infancia marcada por el
terrorismo de ETA hasta el éxito de una de las bandas más reconocidas e
icónicas del panorama musical español.

Título: Memoria
Autor: Pablo Benegas
Páginas: 248
Precio: 21,90 €
Publicación: 30 de mayo de 2024
Disponible en ebook
Enmarcado entre dos escenarios ‒el del Velódromo de Anoeta, al que Pablo
Benegas se subió por primera vez siendo apenas un niño, y el de las
zaragozanas Fiestas del Pilar del 98, que supuso la consagración de La
Oreja de Van Gogh para el gran público‒ este libro supone un ejercicio
de memoria intenso y conmovedor en el que los recuerdos construyen una
poderosa reflexión sobre el impacto del miedo y de la violencia, pero
también acerca del valor de la amistad y de la música.
Memoria es un testimonio personal de enorme valor que nos conduce por
las calles y avenidas del Donosti de los años 80 y 90 a partir de la
mirada de uno de aquellos jóvenes que vivió en primera persona la
presencia de esa amenaza latente en su círculo familiar, como hijo de
T.B.
Mi madre solía decirme desde bien pequeño una frase que me ha acompañado
siempre: «Cuando salgas a la calle, no te olvides nunca de quién es tu
padre».
A pesar de los esfuerzos por mantener a sus hijos pequeños al margen del
clima sombrío y angustioso del San Sebastián de los años de plomo, el
peso del apellido paterno hizo inevitable el choque con una realidad de
escoltas y coches blindados; de lágrimas y silencios.
Un compañero me avisó de que habían pintado en una pared del baño
«Benegas» dentro de una diana. Bajé a verlo y me impresionó mucho
descubrir mi apellido en un punto de mira. [...] Me preocupaba que los
que entraban en el baño me identificaran con la pintada o que alguien se
distanciara de mí por miedo a que también le señalaran. Solo quería que
la borraran de inmediato. Ni siquiera me interesaba saber quién la había
hecho. Me daba igual. No pensaba que fueran a matarme, pero sí lograron
su objetivo: me quedé tocado. En un adolescente, el miedo y la
vergüenza bien mezclados son un potente inhibidor. Quizá hubiera sido
mejor no verlo y protegerme. No lo sé. Avisé a un profesor y lo borraron
rápidamente. No trascendió en el instituto o por lo menos esa es la
sensación que tuve. La cuestión es que ya tenía una imagen más para mi
álbum del terror.
La música se convirtió en refugio durante la adolescencia. Compartida
con los amigos en casetes grabadas que circulaban de mano en mano,
coreada en bares y conciertos ‒cuando Donostia era parada obligada de
todas las grandes bandas internacionales‒ y también en la intimidad de
su cuarto, donde aprendió a sacar el sonido de sus grupos favoritos en
una vieja guitarra clásica heredada de su abuelo Vicente. La
efervescente escena musical donostiarra de los noventa llenó los locales
de ensayo de jóvenes como Pablo que soñaban con parecerse a grupos como
U2, Metallica o Pearl Jam, a los que habían visto tocar en directo.
LA OREJA DE VAN GOGH, HISTORIA DE UNA AMISTAD LUMINOSA
Pero las páginas de esta Memoria no se asoman únicamente al abismo del
terror más crudo, sino que se entrelazan con el relato de una amistad
luminosa. Un vínculo que nace en la adolescencia temprana, que crece al
calor de bares y cafés, conciertos y locales de ensayo, y que se vuelve
cada vez más sólido en torno a una pasión compartida y un compromiso
común. Una historia de azares y serendipias, de caminos que confluyen y
senderos que se bifurcan, de encuentros y desencuentros que
cristalizaron en uno de los grupos más importantes del pop español: La
Oreja de Van Gogh.
A través de sus recuerdos, Pablo Benegas nos convierte en testigos
privilegiados de momentos especiales vividos junto a sus compañeros.
La tarde en que conoció a Xabi:
Xabi me pareció muy divertido, me cayó bien. Quién me iba a decir a mí
que con aquel tipo de camisa azul metida por dentro, pantalón de pinzas,
flaco, con rizos y fumador iba a compartir mi vida y no con la chica que
tenía al lado y que tanto me gustaba.
Álvaro, el hombro sobre el que llora su primer desamor:
Álvaro bajó y cuando abrió la puerta del portal volví a derrumbarme. Me
cogió, me abrazó y nos dirigimos hacia la playa, que estaba a escasos
cien metros. Él me rodeaba con su brazo mientras yo enterraba mi cabeza
en su pecho. Morgan, su perro querido que aparece en el videoclip de
«Soñaré», completaba la escena. La playa de La Concha nos recibió con
los brazos abiertos y todas sus farolas encendidas. La de maniobras de
reanimación y corazones rotos a los que esta playa habrá atendido. Y
allí estaba el mío por primera vez.
O el primer día en la facultad de Derecho, cuando a Pablo le pasó una de
las mejores cosas de su vida, Haritz:
Mientras la gente iba entrando en el barracón, en el extremo opuesto se
situó un chico alto y flacucho al que no conocía [...]. Era Haritz
Garde. Así nos conocimos. Me pareció un tipo tímido que transpiraba
bondad. Siempre he pensado que si alguna vez alguien le escribiera una
canción a Haritz tendría que ser un silencio que permitiera escuchar su
corazón latir, porque ningún otro suena igual.
Álvaro, Xavi, Luis y Haritz fueron el embrión de un grupo aun sin nombre
ni cantante hasta que apareció la pieza que faltaba:
A los postres, las amigas de Amaia le pidieron que cantara algo. Ella se
negó en un primer momento porque le daba mucha vergüenza, pero las
otras insistieron tanto que acabó aceptando con la condición de que
apagaran la luz. Empezó a cantar, a oscuras, «Nothing Compares to You».
En la intimidad del silencio y la penumbra, con nuestras emociones
navegando en el agua de Valencia, la voz de Amaia nos acarició uno por
uno. Fue realmente mágico. Nunca había oído cantar así y menos a treinta
centímetros de mí.
El suyo es un relato emocionante que nos descubre aspectos desconocidos
sobre los orígenes de La Oreja de Van Gogh: desde la elección del nombre
de la banda a la grabación de sus primeras maquetas; del triunfo en el
concurso Pop Rock Ciudad de San Sebastián al fichaje por parte de Sony;
sin dejar de lado a la creación de algunos de esos temas que hoy forman
parte de la banda sonora de varias generaciones.
Las pequeñas cosas del día a día se abrían paso entre los escombros de
la tristeza y la amargura. En ese contexto de miedo y violencia en el
que vivíamos, de manera inconsciente nuestra música empezó a contar que
en nuestra ciudad también pasaban otras cosas: que nos enamorábamos y
sufríamos por amor, que cogíamos el autobús, que nos contábamos secretos
al oído, que teníamos sueños, pesadillas y mirábamos la luna tumbados
sobre la arena de la playa de La Concha. No era más que un grito de
esperanza para recordarnos que en algún momento las flores volverían a
crecer donde ahora llorábamos.
Escrita con una delicadeza y autenticidad desbordantes, esta memoria
personal de Pablo Benegas se eleva en memoria colectiva de una banda y
de toda una generación. Una mirada especial llena de ternura, que
ilumina las experiencias más duras abriendo espacio a la esperanza.
Ensayar me ayudaba a pasar el tiempo sin mirar cómo iba y venía el
columpio de la tristeza. Para mí era una vía de escape, una ventana
abierta a otro paisaje que me permitía huir de todo ... En aquel local
de ensayo, con mis compañeros, me sentía tranquilo, en paz. Hasta que
aparecieron ellos, ninguno de mis amigos íntimos me acompañaba a las
concentraciones. Había sido un camino largo, pero por fin había
encontrado unos amigos que me comprendían con mis circunstancias, con
los que compartía ética y mirada; eran conscientes de la situación de mi
padre y de mi familia, del riesgo real y del sufrimiento pasado y
presente, y no solo me apoyaban en lo que hacía, sino que me ayudaban a
hacerlo, sin excusas ni rodeos. De pronto aparecía un pequeño sendero
inesperado, el del grupo. Hasta entonces había transitado por el único
camino que alcanzaba mi vista: el derecho, la lucha [...] Asumo
que esta frase pueda sonar grandilocuente y presuntuosa, pero nunca
sabré si la música y mis compañeros me salvaron la vida. Lo que sí sé es
que el primero de los caminos hubiera sido una dura travesía por la
tristeza y el dolor, mientras que el segundo ha sido un viaje lleno de
felicidad y de color.
LA OBRA
«Nadie vuelve a ser el mismo después de pisar un escenario. No importa
lo que suceda arriba. Para bien o para mal, nunca baja la misma persona
que subió».
Con una prosa cálida que envuelve como una de sus canciones, Pablo
Benegas comparte su memoria personal de un tiempo que nos pertenece a
todos y que no deberíamos dejar caer en el olvido.
EL AUTOR
PABLO BENEGAS (San Sebastián, 1976) es guitarrista, compositor y uno de
los miembros fundadores de La Oreja de Van Gogh, mítico grupo de pop
rock con más de veinticinco años de trayectoria sobre los escenarios.
Publicado el 24 de mayo 2024
Contacto:
info@guaumiauymas.com
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